El estruendo de un choque en la madrugada suele ser el preludio de una tragedia que se pudo evitar. El accidente ocurrido este sábado frente al estadio Villa Concha, donde una motocicleta y un taxi colisionaron dejando a varias personas en estado crítico, no es solo una cifra más en las estadísticas de tránsito de Santander; es un síntoma de una enfermedad social que padecemos: la fragilidad de la prevención.
El factor de riesgo en dos ruedas
Si bien las autoridades aún investigan las causas exactas, este incidente pone de relieve la vulnerabilidad extrema de los motociclistas. En Piedecuesta, como en gran parte del área metropolitana de Bucaramanga, la motocicleta es el motor de la economía, pero también el vehículo de mayor riesgo. Cuando se mezcla la oscuridad de la madrugada con posibles excesos de velocidad o falta de pericia, el resultado es el que hoy lamentamos en las puertas del HIC.
La responsabilidad compartida
No se trata de señalar culpables antes de que la ley lo haga, sino de analizar el comportamiento en nuestras vías:
El respeto por la señalización: ¿Estamos ignorando los semáforos y cruces en horas de bajo flujo vehicular por exceso de confianza?
La pericia del servicio público: El taxista, como profesional del volante, tiene una carga de responsabilidad mayor en la seguridad de sus pasajeros y del entorno.
El entorno urbano: ¿Es la iluminación del sector Villa Concha suficiente para garantizar una visibilidad segura a las 3:30 a. m.?
"La vía pública no es una pista de carreras, es un espacio de convivencia donde el error de uno puede terminar con la vida de otro."
Un llamado a la reflexión
Es doloroso que el inicio del año se vea manchado por sangre en el asfalto. Las investigaciones de tránsito en Piedecuesta deben ser rigurosas, pero la verdadera solución no está en los comparendos, sino en el cambio de conducta. Cada vez que alguien decide omitir una señal o acelerar cuando debería frenar, está apostando su vida y la de los demás.
Deseamos la pronta recuperación de los heridos, pero sobre todo, esperamos que este suceso sirva para que los habitantes de Piedecuesta entiendan que llegar cinco minutos más tarde es siempre mejor que no llegar nunca.