La política colombiana, fiel a su naturaleza de ciclos y retornos, nos presenta hoy una de las movidas más comentadas en el tablero electoral hacia el 2026: la oficialización de Richard Aguilar Villa en el renglón número 3 de la lista al Senado por el Partido Liberal. Lo que para algunos es un movimiento estratégico de consolidación regional, para otros representa el síntoma de una colectividad que prefiere la estructura probada sobre la renovación absoluta.

La aritmética del poder regional

La casilla 3 no es un número azaroso. En una lista abierta, el orden suele enviar un mensaje de respaldo institucional. Al otorgar este espacio al exgobernador de Santander, el liberalismo —bajo la dirección de César Gaviria— deja clara su intención: recuperar y asegurar el fortín electoral del oriente colombiano. Aguilar no llega solo; trae consigo una herencia política que, pese a las tormentas judiciales y los señalamientos que lo llevaron a renunciar a su curul en 2021, mantiene una capacidad de movilización que pocos pueden ignorar.

¿Experiencia o "reencauche"?

El argumento del partido es la representatividad. Aguilar ha demostrado en el pasado una agenda legislativa activa —recordemos leyes como la de "Plazos Justos"— y un conocimiento profundo de las provincias santandereanas. Sin embargo, su regreso plantea una pregunta ética y política para el electorado: ¿Es este el tipo de "renovación" que el país reclama?

La campaña que inicia no será solo una disputa por votos, sino una batalla por la narrativa. Aguilar deberá convencer a un electorado cada vez más crítico de que su paso por el "foso de los leones" —como tituló su reciente libro— le ha otorgado una visión renovada del servicio público, alejada de las sombras de la contratación que marcaron su salida previa del Congreso.

El reto de la lista abierta

Al ser una lista de voto preferente, el exgobernador no tiene el camino asegurado. Tendrá que validar su "favoritismo" en las urnas, compitiendo no solo con la oposición, sino con sus propios compañeros de lista. Santander será su juez principal, pero su aspiración nacional lo obliga a mirar hacia el Cauca, Nariño y la Costa, buscando votos de opinión que equilibren su base tradicional.

La elección de 2026 será la prueba de fuego definitiva para el "aguilarismo": o logran legitimarse nuevamente a través del voto popular, o confirmarán que las estructuras tradicionales están perdiendo tracción frente a una ciudadanía que exige hojas de vida sin tachaduras.

El Partido Liberal ha lanzado los dados. Ahora le toca al ciudadano decidir si el número 3 en el tarjetón es un regreso necesario o un error de cálculo en la búsqueda de la ética pública.