Históricamente, la política en Santander ha sido un tablero de ajedrez dominado por apellidos tradicionales y estructuras de concreto que parecen inamovibles. Sin embargo, de cara a las elecciones legislativas de 2026, el panorama empieza a mostrar fisuras por donde se filtran nuevos nombres. Uno de ellos es el de Jennyfer Almeida, una profesional de la salud que ha decidido saltar de la primera línea de atención hospitalaria a la compleja arena de la búsqueda de votos para la Cámara de Representantes.
El caso de Almeida es digno de análisis no solo por su
nombre, sino por lo que representa: la "tecnificación" de la política. En un
departamento donde la salud ha sido, lastimosamente, el botín de guerra de
muchas administraciones, que una enfermera con visión de gestión pública aspire
a un escaño es, cuanto menos, un síntoma de salud democrática.
De la Bata al
Capitolio
La propuesta de Almeida no parece nacer del capricho,
sino de la urgencia. Su enfoque en el bienestar integral y la reforma al
sistema de salud desde una óptica regional pone el dedo en la llaga de una
Santander profunda que sufre la centralización de los servicios.
Sin
embargo, el reto para una figura como
Jennyfer Almeida es monumental. En Santander, el voto de opinión es
creciente pero aún tímido frente a las maquinarias. Su éxito dependerá de tres
factores críticos:
1.
La
coherencia de su aval: busco el cobijo
de partidos alternativos por eso el tema de su coalición en “Marcha”
2.
La
capacidad de conectar: El lenguaje técnico de la salud debe traducirse en
soluciones masticables para el ciudadano de a pie.
3.
El
empoderamiento femenino: Su candidatura es una prueba de fuego para ver si
el departamento está listo para renovar sus cuadros con mujeres que no vienen
de las "casas políticas" de siempre.
Una apuesta
necesaria
Más allá de las ideologías, Santander necesita voces
que entiendan la administración pública como un servicio y no como un negocio. Jennyfer Almeida surge como una apuesta
por la renovación técnica.
Queda por ver si su diagnóstico sobre los problemas del departamento logra
convencer a un electorado que, aunque cansado de lo mismo, suele ser cauteloso
con lo nuevo.
La moneda está en el aire, pero el mensaje es claro: la salud de la política santandereana
requiere, hoy más que nunca, nuevos especialistas.