La diplomacia entre Colombia y Venezuela ha pasado de la ruptura total en el pasado, a un romance pragmático bajo la era de Gustavo Petro. Sin embargo, las recientes declaraciones de Nicolás Maduro —invitando a los militares colombianos a una "unión perfecta" para defenderse de Estados Unidos— han provocado que el mandatario colombiano trace una línea roja que no se puede ignorar: la soberanía nacional no se negocia, ni siquiera entre aliados ideológicos.

El "regaño" de Petro a Maduro no es solo un gesto de orgullo patrio; es un ejercicio de supervivencia política y coherencia constitucional. Al afirmar que "él no tiene por qué dar órdenes a los militares", Petro le recordó a su homólogo venezolano que Colombia, a pesar de sus crisis internas, mantiene una estructura institucional donde la cadena de mando empieza y termina en la Casa de Nariño.

El fantasma de la injerencia

Lo irónico del episodio es que Maduro apeló al sueño bolivariano para justificar su llamado. Pero Petro, astuto en el uso de la narrativa histórica, le devolvió el golpe con una dosis de realidad democrática: la unión de las naciones se da a través del poder constituyente y la soberanía popular, no mediante fusiles compartidos. Con esto, Petro se desmarca de la retórica militarista de Caracas y se posiciona como un defensor de la vía civilista.

El ELN: La única "unión" que nadie quiere

Quizás el punto más punzante de la respuesta de Petro fue su mención al ELN. Al calificar a esta guerrilla como la única "organización binacional" real —pero dedicada al narcotráfico y al asesinato de campesinos—, el presidente colombiano envió un mensaje de doble vía:

A Maduro: Le recordó que la presencia del ELN en territorio venezolano no es un símbolo de fraternidad, sino una herida abierta para ambos países.

A la opinión pública: Buscó sacudirse las críticas de quienes lo acusan de ser permisivo con los grupos armados, tildando al ELN de "enemigo de Latinoamérica".

La paradoja del espejo

No obstante, esta firmeza de Petro llega con un matiz de contradicción. Sus detractores no han tardado en recordar cuando, meses atrás, el mismo Petro pidió a soldados estadounidenses desobedecer órdenes en el contexto del conflicto en Gaza. Este antecedente deja una pregunta en el aire: ¿Es la injerencia militar un tabú absoluto, o solo cuando afecta el patio propio?

Conclusión

El desplante a Maduro era necesario. En un país donde las Fuerzas Militares miran con recelo cualquier acercamiento al "chavismo", Petro necesitaba reafirmar que él es el único Comandante en Jefe. Al final del día, la relación con Venezuela seguirá siendo una cuerda floja: Colombia necesita a Maduro para la "Paz Total" y el comercio, pero no puede permitirse que el vecino intente mover las fichas del tablero militar colombiano.

La soberanía, como bien dijo Petro, no admite mandatos extranjeros. Ni de Washington, ni de Caracas.