La Navidad en Bucaramanga nos dejó una imagen agridulce. Por un lado, el alcalde Cristian Portilla celebró con razón un "balance más que positivo": cero quemados en la capital santandereana durante la noche del 24 de diciembre. Es un logro colectivo innegable que habla de una ciudadanía que, a pesar de no renunciar al estruendo —pues las detonaciones se escucharon hasta el amanecer—, parece haber aprendido a mantener el fuego lejos de la piel.
Sin embargo, ese oasis de seguridad en la capital no debe cegarnos ante la cruda realidad de Santander. Mientras la ciudad celebraba una "Nochebuena serena", el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) lanzaba un baldado de agua fría sobre el departamento: 25 personas lesionadas por pólvora en lo que va de diciembre.
El contraste de las cifras
Lo que sucede en los municipios vecinos y en las zonas rurales de Santander es una advertencia que no podemos ignorar. No se trata solo de números, sino de vidas alteradas por la imprudencia:
Hospitalización: El 20% de los afectados terminó en una cama de hospital.
El enemigo conocido: Los "totes" siguen siendo los principales responsables, causando el 70% de las lesiones.
Peligro en casa: Resulta paradójico y alarmante que el 50% de los incidentes ocurran en la vivienda, el lugar que debería ser el más seguro para las familias.
Entre el ruido y la responsabilidad
Bucaramanga dio el ejemplo, pero es un ejemplo incompleto. El hecho de que se reporten cero heridos en medio de una noche llena de estallidos sugiere que la pólvora sigue estando presente, solo que esta vez tuvimos "suerte". La frontera entre una celebración ruidosa y una tragedia en la sala de urgencias es tan delgada como la mecha de un tote.
La labor de la administración municipal es loable, pero el reto ahora es extender esa cultura del autocuidado a todo el departamento. No podemos permitir que el éxito de la capital se convierta en una excusa para bajar la guardia en las provincias.
Un llamado al cierre de año
Faltan las festividades de fin de año, históricamente las más críticas. El llamado de las autoridades es claro: la manipulación directa de pólvora es un riesgo que no vale la pena correr.
La meta para este 31 de diciembre no debe ser solo mantener el marcador en cero para Bucaramanga, sino frenar el contador departamental. La verdadera "Navidad total" no es la que suena más fuerte, sino la que permite que todos lleguemos al 1 de enero con las manos intactas y la familia completa. La prevención no es una sugerencia, es el único camino para que el balance positivo deje de ser un caso aislado y se convierta en la norma santandereana.