El inicio de año en el área metropolitana de Bucaramanga se ha teñido de luto con una noticia que, aunque dolorosa, parece repetirse como un eco interminable en nuestras vías. La muerte de Gerson David Rodríguez Quintero en el puente La Flora y el grave accidente en el sector de La Gallera no son solo cifras en un reporte de tránsito; son el síntoma de una crisis de seguridad vial que no da tregua.
Es alarmante que el puente La Flora, un eje vital de nuestra movilidad, siga siendo escenario de siniestros fatales. Si bien las investigaciones determinarán responsabilidades técnicas —entre exceso de velocidad o falta de visibilidad—, existe una responsabilidad compartida que no podemos ignorar.
El Triángulo del Riesgo
Para entender por qué nuestras vías son tan peligrosas, debemos mirar tres factores críticos:
La Infraestructura Crítica: Sectores como el puente La Flora y la carretera antigua a Floridablanca requieren una revisión urgente de su iluminación, señalización y estado de la malla vial. No basta con lamentar el accidente; hay que intervenir los puntos negros ya identificados.
La Cultura del "Afán": El motociclista es, por naturaleza, el actor vial más vulnerable en una colisión. Sin embargo, la urgencia por llegar pronto y la imprudencia al maniobrar crean una combinación letal cuando se mezclan con vehículos de mayor envergadura.
La Vigilancia Insuficiente: Las campañas de prevención de las Direcciones de Tránsito parecen quedarse cortas frente a la magnitud del parque automotor. Se necesita más que un llamado a la prudencia; se requiere presencia constante y autoridad en las vías.
Un llamado a la reflexión
No podemos permitir que nos gane la indiferencia. Cada vez que un joven pierde la vida en el asfalto, se fractura una familia y se pierde un futuro. La seguridad vial no es solo un asunto de multas y controles, es un pacto de respeto por la vida del otro.
Las autoridades tienen el deber de reforzar la seguridad en los puntos críticos, pero nosotros, como ciudadanos, tenemos la obligación de entender que llegar cinco minutos tarde es infinitamente mejor que no llegar nunca.
Que el nombre de Gerson David no sea solo el "primer muerto del año", sino el catalizador de un cambio real en nuestra forma de conducirnos por la ciudad.