La política en Santander siempre ha tenido un tinte dramático, pero lo que sucede hoy con la candidatura de Jaime Andrés Beltrán al Senado parece el guion de una serie de suspenso legal. La solicitud de revocatoria radicada por el senador Fabián Díaz ante el CNE no es un simple trámite administrativo; es un misil teledirigido al corazón de la estrategia de "Salvación Nacional" en el departamento.
El fondo del asunto nos pone frente a un dilema que la justicia electoral colombiana aún intenta digerir: ¿dónde termina el derecho a ser elegido y dónde empieza la ventaja injusta por el ejercicio del poder?
Las dos grietas del muro
Díaz no dispara al aire. Sus argumentos tocan dos fibras sensibles de la Ley 1475 de 2011 y la Constitución:
La Doble Militancia: El salto de Beltrán de Colombia Justa Libres a Salvación Nacional en menos de un año es, para muchos, el ejemplo perfecto de la "política líquida". Si bien la defensa alega que la renuncia fue legal, el espíritu de la norma busca evitar que los partidos sean simples plataformas de alquiler según el clima del momento.
El Ejercicio de Autoridad: Este es el punto más espinoso. Beltrán gobernó Bucaramanga hasta hace apenas unos meses.
La ley es clara al señalar que quien ejerza autoridad civil o política en el año previo a la elección queda inhabilitado. Pretender pasar del despacho de la Alcaldía a la campaña del Senado sin un periodo de "enfriamiento" real, suena, por lo menos, a un desafío a la ética de la competencia equilibrada.
¿Persecución o Rigor?
Desde el bando de Beltrán, la narrativa es la del "ataque político". Es una defensa clásica: victimizarse para desviar la atención de la norma. Sin embargo, en un sistema democrático saludable, el escrutinio no es persecución. Que un senador en ejercicio exija claridad sobre las reglas del juego es parte del control político necesario.
Santander viene de un proceso atípico traumático tras la salida de Beltrán de la Alcaldía.
El veredicto de la confianza
Más allá de lo que decida el CNE —que suele ser lento y a veces impredecible—, queda una reflexión para el electorado: ¿Queremos líderes que busquen los vacíos de la ley para saltar de cargo en cargo, o líderes que respeten los tiempos y las instituciones?
Jaime Beltrán tiene el derecho de defenderse, pero Fabián Díaz tiene la razón al exigir que las reglas se cumplan.