Mientras el centro de Colombia ultimaba los detalles para la cena de Nochebuena, la tierra decidió recordar su propia dinámica. A las 3:18 p. m. del 24 de diciembre, un sismo de magnitud 3,1 con epicentro en Los Santos, Santander, atravesó el subsuelo. Para muchos fue un leve balanceo; para otros, un recordatorio de que vivimos sobre un gigante que nunca duerme.
Este "Sismo de Navidad", aunque inofensivo por su profundidad de 150 kilómetros, nos pone frente a una realidad geográfica fascinante y, a veces, olvidada: el Nido Sísmico de Bucaramanga.
La calma como protocolo
Lo ocurrido este diciembre no es una anomalía, sino el comportamiento natural de nuestro territorio. Sin embargo, la verdadera noticia no es el temblor en sí, sino la capacidad de respuesta y la cultura de prevención. Que un evento de esta naturaleza no pase de ser una anécdota navideña se debe, en gran medida, a la naturaleza profunda del sismo, pero también a la vigilancia constante del Servicio Geológico Colombiano (SGC).
Es fácil caer en el alarmismo cuando la tierra se mueve en plena festividad. No obstante, informes como el del SGC y la UNGRD son fundamentales para transformar el miedo en información. El dato técnico —la profundidad, la ubicación, la magnitud— es el mejor antídoto contra las noticias falsas que suelen propagarse en redes sociales durante estas emergencias.
Una tarea pendiente: La educación sísmica
A pesar de que el sismo del 24 de diciembre no dejó daños, nos deja una tarea para el nuevo año. No podemos evitar que la tierra se mueva, especialmente en un país atravesado por tres cordilleras y sentado sobre nidos sísmicos activos. Lo que sí podemos hacer es normalizar la prevención.
Saber que vivimos en una zona sísmica no debe ser motivo de angustia, sino un impulso para:
Revisar la sismorresistencia de nuestros hogares.
Tener planes de evacuación claros en familia.
Mantener la calma y seguir fuentes oficiales, evitando el caos innecesario.
La Navidad es una época de unión y celebración, pero este leve sacudón nos recuerda que la seguridad es el mejor regalo que podemos darnos. La tierra habló en voz baja este diciembre; escuchemos su mensaje y sigamos preparándonos para convivir con su fuerza, sin miedo pero con absoluto respeto.