El inicio del año escolar en Bucaramanga no solo marca el regreso de los uniformes a las calles, sino también el inicio de una verdadera maratón financiera para las familias. En un contexto económico nacional donde la incertidumbre parece ser la única constante, la situación en la "Ciudad Bonita" arroja una luz de esperanza —o al menos de alivio— para el presupuesto doméstico: los incrementos en los útiles escolares han sido, contra todo pronóstico, moderados.

Es fascinante observar la dinámica del centro de la ciudad. Mientras las grandes superficies y tiendas especializadas suelen trasladar de inmediato los costos inflacionarios al consumidor, los comerciantes del centro han optado por la resiliencia y la estrategia. No es casualidad que ciudadanos como Claudia Arango o Sandra Mosquera prefieran el bullicio de la zona céntrica; allí, la competencia y la necesidad de reactivar las ventas han forzado un estancamiento saludable en los precios.

Una balanza entre el ahorro y la supervivencia

La realidad es que el regreso a clases de este 2026 pone a prueba la capacidad de maniobra de los hogares bumangueses. Algunos puntos clave a considerar son:

  • El factor "marca" frente a la economía: Existe una brecha evidente. Mientras los artículos de marca en almacenes de cadena suben, el cuaderno "económico" sigue siendo el salvavidas de padres como Diana Calderón.

  • La apuesta del comerciante: Personajes como Juan Felipe Luengas y Wendy Rodríguez representan el sentir del comercio local. Ante unas ventas que han iniciado con "freno de mano", la respuesta no ha sido subir precios para compensar, sino ajustar promociones para atraer al flujo de personas.

  • Presupuestos realistas: Hablar de una inversión de entre $400,000 y $600,000 por hijo (incluyendo textos y morrales) es una cifra significativa que representa una porción importante del salario mínimo actual.

Entre la cautela y la esperanza

El informe de Fenalco Santander para este año es claro: crecimiento moderado y cauteloso. Esta frase no solo define al sector comercial, sino también el comportamiento del consumidor. El bumangués no está comprando por impulso; está comparando, caminando y buscando el "descuento de papelería" que alivie el golpe al bolsillo.

Que los servicios educativos en la ciudad solo proyecten un alza de entre el 2% y el 2,5% es una noticia positiva que sitúa a Bucaramanga como una ciudad relativamente estable en comparación con otras capitales del país. Sin embargo, la lentitud en las ventas iniciales es un síntoma de que las familias están estirando el peso lo más posible.

En conclusión, el centro de Bucaramanga se ratifica una vez más como el aliado estratégico de los padres de familia. En esta temporada escolar, la solidaridad comercial —manifestada en precios justos y descuentos— parece ser la fórmula para que, a pesar de la crisis, ningún niño se quede sin sus herramientas para aprender.