El anuncio del regreso de las piscinas y toboganes al emblemático Parque El Lago en Floridablanca ha encendido un debate que es mucho más que una simple diferencia de planeación urbana: es un choque de visiones sobre el patrimonio público y la memoria colectiva de los santandereanos.
Por un lado, la Gobernación de Santander, a través de la Lotería, presenta una solución pragmática. Entregar el predio en arriendo por 30 años a un privado (Aquatic Group) asegura una inversión sin comprometer recursos públicos y promete revivir la infraestructura de lo que alguna vez fue Acualago. Desde la lógica financiera, el argumento es sólido: evitar un "detrimento patrimonial" al no demoler toboganes valorados en dos millones de dólares y asegurar un canon mensual de $70 millones parece un negocio redondo.
Sin embargo, el Alcalde de Floridablanca, José Fernando Sánchez, pone sobre la mesa una realidad que los números no siempre captan. Su rechazo no es un capricho político, sino el eco de una ciudadanía que ya vio fracasar el modelo de parque acuático en ese mismo lugar. ¿Por qué insistir en una fórmula que dejó vestigios de abandono y deudas en el pasado?
Los puntos críticos del conflicto
El esquema de uso: Mientras la Gobernación apuesta por un modelo privado de parque acuático con una entrada proyectada de $45.000, la Alcaldía defiende la recuperación de un parque recreacional público, con botes y atracciones mecánicas, más cercano a la identidad original del sitio y accesible para todos.
La voluntad popular: La cifra citada por el alcalde es contundente: un 70% de los florideños rechaza el proyecto de las piscinas. En una democracia, el desarrollo urbano no debería imponerse de espaldas a quienes habitan el territorio.
La urgencia vs. la planificación: El afán del privado por entregar obras en diciembre próximo contrasta con la queja de la Lotería sobre la "entrega tardía" de estudios por parte de la Alcaldía. Esta falta de sincronía institucional solo genera incertidumbre.
Un llamado al equilibrio
Es comprensible que la Gobernación quiera darle un uso productivo a un lote que lleva años en el limbo. Pero ignorar la postura de la administración local y de la ciudadanía es un riesgo alto. Un contrato a 30 años es una hipoteca al futuro de Floridablanca; si el modelo de parque acuático vuelve a fallar, el costo social y el deterioro del espacio serán cicatrices difíciles de borrar.
El Gobernador de Santander debe escuchar el llamado al "respeto institucional" que hace Floridablanca. El éxito de un proyecto no se mide solo en el canon de arrendamiento que reciba la Lotería, sino en la apropiación social que los ciudadanos hagan de él. Si el Parque El Lago renace como un enclave privado inaccesible para la mayoría, habrá recuperado sus piscinas, pero habrá perdido su alma.